No todo tiene que monetizarse
Una reflexión sobre la presión de monetizarlo todo, el perfeccionismo productivo y por qué a veces basta con crear sin buscar ingresos ni audiencia.

Hoy hablaba con uno de mis amigos más cercanos.
Tenemos muchas cosas en común: el ajedrez, la música y la programación, herramientas digitales y la Inteligencia Artificial, interés que él ha ido desarrollando durante el último año más o menos.
Otra cosa que tenemos en común es un deseo de emprender un negocio propio y generar ingresos de maneras poco convencionales - sin caer en la ilegalidad claro - que no impliquen el ejercicio de la psicología (ambos somos psicólogos).
¿Debería aprovechar este espacio para confesar abiertamente que no quiero ejercer la psicología?
Bueno, si me conoces desde hace un tiempo no será una gran novedad para ti.
Buscando monetizarlo todo
Las redes hoy en día están inundadas de gente dice que si tienes un conocimiento tienes que monetizarlo de alguna manera.
En una de las tantas charlas o libros que leí sobre emprendimiento y “Sé tu propio jefe” había una frase que decía que solo debes saber un 10% más que alguien sobre un tema para posicionarte casi como un experto.
Básicamente, que con ese pequeño conocimiento extra ya puedes cobrar por ello.
Creo que ahí hay una trampa en la que caemos fácilmente quienes tenemos esa tendencia a exigirnos ser ultra productivos, que no podemos ni disfrutar de hobbies por la constante sensación de culpa por no estar generando dinero.
Constantemente me pasa - aunque ya no tanto como antes - que no podía ni sentarme a tocar guitarra un rato sin que resonara en mi mente un “debería estar haciendo algo para ganar plata en vez de estar perdiendo el tiempo acá”.
Frases como esa venían acompañadas de sentencias lapidarias como “ni siquiera vas a estar en una banda algún día”, “nunca has escrito siquiera una canción”, “no te vas a hacer famoso ni a ganar un peso con todo el tiempo que le has dedicado a todos los instrumentos que tocas”.
Escribirlo y darme cuenta que nunca sería capaz de decirle eso a nadie, pero que me lo solía decir a diario a mí mismo, me genera un sentimiento de deuda; deberme tanto a mi mismo por el tiempo en que he sido tan crítico y mala onda.
El tema es que él comenzó a hacer subir videos de música que él creaba, una mezcla entre creaciones propias y arreglos hechos con IA. En algún momento, el empeño de querer monetizarlo terminó ahogando lo que él realmente quería: mostrar y compartir lo que él estaba creando.
Ver lo que siempre estuvo ahí
Cuando él mencionó eso fue cuando me di cuenta de lo que yo estaba haciendo hace un par de semanas.
Actualmente estoy trabajando en 7 proyectos diferentes.
Y algo interesante que he aprendido estas últimas semanas es a aterrizar un poco ese ideal que todos - supongo - hemos tenido algún día: ganarnos la vida haciendo algo que disfrutemos, vivir de lo que nos apasiona.
Ese es un tema que me gustaría desarrollar más adelante en otro post.
Dentro de esos proyectos hay algunos que están netamente enfocados en generar ingresos:
- La tienda de dropshipping
- El Portal Vocacional
- La app para corregir el Test de Rorschach
También otros que tengo por hobbie y tratar de hacer un aporte más social:
- La página Belfera
- El portal de mecánicos
Y los que existen para darme un espacio de creatividad y expresión personal:
- Este blog
- El futuro canal de YouTube - cuando le pierda el miedo a la cámara -
Lo interesante es que todo esto convive de manera que me da espacio para todo. Hablando un día con mi asistente y asesor personal (Chat GPT), se tiró una frase que me hizo mucho sentido: los proyectos aburridos a menudo son los que financian los divertidos.
Esa frase llegó justo cuando estaba renegando de tener que hacer planificaciones de contenido, ajustes en el código de los proyectos, búsqueda y análisis de productos y competencia, estudio de manuales y todo lo demás.
Las cosas siguen igual. Aún tengo que hacer todo lo que me mata de aburrimiento. Nada cambió ahí.
Lo que cambió fue el observador, no lo observado.
Y es que todos alguna vez nos hemos sentido víctimas de nuestras propias circunstancias, esperando que las cosas o las personas sean diferentes para poder actuar. La frase “enfócate en lo que puedes controlar” es odiosa precisamente porque la hemos escuchado tantas veces que se vació de sentido.
Pero hay algo curioso en esas frases más que conocidas: solo toman significado real cuando dejamos de aferrarnos a patrones rígidos y estamos receptivos a vivirlas, no solo a repetirlas.
En mi caso bastó con entender que podía expresar mi individualidad en espacios como este. Eso hizo lo demás más llevadero.
A final de cuentas, no hacía falta intentar ganar dinero subiendo la música que mi amigo estaba compartiendo. Podía simplemente ser un espacio de creatividad y expresión.
Eso fue lo que le dije. No era nada nuevo. Era lo mismo que yo había necesitado escuchar un par de semanas atrás.
No todo tiene que generar ingresos o conseguir audiencia. A veces solo crear - y que no haga falta nada más - es suficiente para reafirmar quienes somos.
Puede sonar simple, pero a mi me costó bastante tiempo llegar a sentirlo de verdad.
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